Ecos de mi juventud resuenan en mi mente. Susurros de voces que no volveré a escuchar empañan mis ojos. Veo mi rostro en el espejo y ya no me reconozco. Mi cabello cano me recuerda tardes de juegos en tu cocina. Pan y galletas que nunca llegaban a la mesa. Veo tu silueta detrás de mi pero al girarme desapareces. Sentada en la mecedora del porche veo pasar a la gente. Todos corren por el camino para no llegar tarde. No se si comprenden que la muerte les pisa los talones. Yo al menos la miro ahora de frente.
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